• jingle lara
11 Ene 2019 mitos, alcohol, seguridad vial, accidentes tráfico Categoría: NOTICIAS
Esta es una pregunta que mucha gente, mayormente la que lleva unas copas encima y teme a los controles de alcoholemia en carretera, se hace. Cada vez aparecen métodos más absurdos para intentar eliminar la tasa de alcohol en sangre. En el siguiente artículo vamos a desmentir los mitos más extendidos al respecto. Quedaos a leerlo, que algunas no tienen desperdicio…

Antes de nada, tenemos que recordar que la DGT no permite que se superen los 0.5 gramos por litro en sangre, lo que equivale a 0.25 mg/L de aire espirado, excluyendo a los conductores profesionales o a los que tienen el carnet desde hace menos de dos años; en este caso, la cifra baja a 0.15mg/L.

Esto se traduce en que un hombre de 70 kilos necesita beber dos copas de vino o chupitos de licor, o vaso y medio de cerveza, en ayunas para alcanzar los 0.25mg/L; por otro lado, una mujer de 60 kilos daría positivo solo con un vino y medio, un vaso de cerveza o un chupito y medio de licor.

Bien, aun teniendo esto en cuenta, hay muchas personas que pierden las riendas de la noche o de la tarde y se agarran una melopea olímpica. Por supuesto, quieren llegar pronto a su casa y el pánico aparece en sus embriagadas caras al recordar que puede haber controles de alcoholemia de camino, ¡qué sorpresa!

¿La solución? Optar por alguno de estos “remedios” para bajar el alcohol en sangre:

1.    Hacer ejercicio y sudar. Todavía hay gente que se pone a hacer flexiones y a pegar saltos delante de los agentes de policía para dar negativo al soplar. Por cuatro gotas de sudor no vas a borrar de tu cuerpo una noche de desfase.

2.    Beber mucha agua o tomar vitamina B. Otro de los clásicos. El agua produce más cantidad de orina para expulsar, pero el alcohol ya está en la sangre, así que no va a servirte de nada.

3.    Comer mucho. Con el estómago lleno, el alcohol se absorbe más lentamente, pero va a acabar igualmente en sangre.

4.    Darse una ducha o masticar chicle. La ducha puede espabilarte un poco, pero tampoco va a solucionarte nada. Del chicle ya ni hablamos.

5.    Soplar de forma distinta. De nuevo, el alcohol ya está en tu sangre. Soplando de otra forma solo conseguirás que la prueba dé error y poner a prueba la paciencia del Guardia Civil.

6.    Consumir cocaína. No consideramos necesario comentar este punto, pero por si acaso aún hay alguien que sigue el razonamiento de “el alcohol te atonta y la cocaína te espabila”, queremos recordar que el alcohol sigue en sangre, amén de lo estúpidamente peligroso que puede resultar esta mezcla, sobre todo al volante.

“Pero entonces, si nada de esto sirve, ¿cómo puedo dar negativo en los controles de alcoholemia?”, te preguntarás. Tenemos dos soluciones igualmente válidas:

1.     Espera a que tu hígado haga su trabajo. Esto supone no coger el coche entre 3 y 10 horas, que es cuando la sangre habrá vuelto a su estado normal —el tiempo puede variar en función de las copas que hayas bebido y en función de la salud de la propia persona—, para no correr riesgos, recomendamos encarecidamente la opción siguiente.

2.     Si vas a conducir, no bebas. Sencillo. Si no quieres dar positivo en un control de alcoholemia, lo mejor es que no bebas alcohol; si vas a beber alcohol, piensa en cogerte un taxi o en que te lleve alguien que no haya bebido.

Queremos recordar que el alcohol, entre muchos otros efectos, nos da más confianza en nuestras capacidades de la que deberíamos tener. La atención al volante y la capacidad de reacción se va a reducir muchísimo, incluso aunque nosotros creamos “ir bien”. Así pues, lo importante no es lo que salga cuando soplemos, ni la multa que nos puede caer; lo importante es nuestra seguridad y la de los demás.

¿Conocéis a alguien que haya intentado estos remedios? ¿Y qué tal le ha ido? No dejéis de impedir que quienes hayan tomado alcohol (o drogas) cojan el coche, que al final lo agradecerán.
16 Nov 2018 granizo, cómo conducir, técnicas de conducción Categoría: NOTICIAS

El mal tiempo está comenzando a llegar. El otoño es frío e imprevisible: tan pronto estás sin frío ni calor con tu abrigo, como cae una tromba de agua que inunda las calles y te cala los zapatos. Y casi tan imprevisible como el otoño, es el granizo: una precipitación de hielo que puede tener el tamaño de un guisante o el de una pelota de golf. En un momento puede caer con fuerza y romper cristales como un vándalo callejero y, al siguiente, detenerse por completo.

Ver el granizo desde casa y poder grabarlo con el móvil está muy bien, el problema está cuando este fenómeno meteorológico aparece mientras conduces. Se debe extremar precaución en estos casos pues son tan peligrosos, o pueden serlo aún más, que la lluvia o la nieve y, además, no estamos tan acostumbrados a estos pedruscos de hielo. Así pues, ya que estáis aquí, quedaos a leer algunos consejos que tenemos para vosotros sobre cómo conducir con granizo.

Uno de los principales problemas que presenta el granizo es la rapidez con la que reduce la adherencia del neumático a la carretera, aparte de que el ruido del hielo repentino golpeando los cristales puede asustar al conductor y a los pasajeros y, como todos sabemos, los nervios no son un buen copiloto. En estos momentos, recordad que es muy poco probable que se rompa nuestro parabrisas y, de ser así, se laminará, de forma que no entrarán ni granizo ni cristales; en caso de que se rompa la luna trasera, debéis saber que hará un ruido muy fuerte y se partirá en fragmentos pequeños, pero no son peligrosos.

La reacción más habitual es la de pisar el freno de golpe, pero esto solo es la primera ficha de dominó para desencadenar un accidente de tráfico. A mayores, buscando refugio es habitual pararse dentro de los túneles o bajo los puentes; obviando el hecho de que está prohibido, es sumamente peligroso, pues nos exponemos a ser arroyados por otro coche que no nos vea ni sepa que estamos detenidos. No olvidéis, además, encender el alumbrado de cruce para hacerte ver. Si sois un pobre motero al que ha pillado una lluvia de hielo digna de cualquier apocalipsis, resguárdate apartándote todo lo posible de la calzada.

De nuevo y manteniendo la línea de los consejos anteriores, mantened la calma en todo momento. Circular con granizo reduce la adherencia del neumático, porque es hielo y, encima, esférico, pero lo normal es que el coche deshaga las canicas de hielo conforme las va pisando… ¡lo que no quita que debamos conducir con mucha suavidad, aplicando el freno lo más recto que se pueda y evitando su uso en plena curva! A este respecto, recordad que el acelerador también debe presionarse de forma suave y con una marcha larga, justo igual que sobre la nieve. En caso de granizo, igual que con otro fenómeno meteorológico adverso, es vital aumentar la distancia de seguridad.

En resumen, las claves para conducir de forma segura en caso de granizo son:

1.    No detenerse en túneles o bajo puentes.

2.    Encender el alumbrado de cruce.

3.    Mantener siempre la calma.

4.    No temer por la integridad del coche, es poco probable que se rompa.

5.    Mantener la distancia de seguridad.

6.    Frenar y acelerar con mucha suavidad.

7.    Mantener marchas largas.

8.    En caso de tener que apartarnos, alejarnos todo lo posible de la calzada.


Como podéis ver, conducir con granizo no se diferencia demasiado de conducir con nieve o con lluvia. Simplemente debemos evitar perder los nervios ante el golpeteo del hielo en los cristales y recordar lo que aprendimos en su día en la autoescuela.

Esperamos que estos consejos os sean de utilidad. ¿Alguna vez habéis tenido que conducir con granizo? ¿Os habría venido bien saber todo esto en ese momento?

Los villancicos suenan en tiendas y casas; los belenes y árboles de Navidad ya lucen, espléndidos; los regalos ya están en camino; las comidas y cenas navideñas y de trabajo están anotadas en los calendarios… todo parece indicar que la Navidad ha llegado, ¿no es así?

Es en estas fechas cuando se empiezan a observar recomendaciones masivas, y necesarias, sobre conducir en según que estado. No es ningún secreto que, entre entrantes y segundos platos, el alcohol hace acto de presencia en forma de brindis (o sin brindis, claro), y nuestra atención al volante y capacidad de reacción pueden quedar disminuidas. En menor medida, pero también con notable presencia, está el consumo de drogas en estas fechas. Con todo esto, es normal que se recuerde la importancia de no coger el coche si se va perjudicado.

Sin embargo, hay otras condiciones que pueden provocar accidentes en carretera: nos referimos a los empachos, más habituales incluso que “las copitas de más”. Ni siquiera hace falta llegar al extremo de no poder abrocharnos el botón del pantalón o de sentir que nuestro estómago se expande tanto que no nos deja respirar bien; es muy habitual que después de comer nos entre sueño. Ya en esos casos es recomendable dejar reposar la comida —o incluso embarcarse en una placentera siesta— antes de conducir, no digamos ya en las ocasiones en que hemos tomado una comida copiosa.

En las cenas de Navidad hay una ingente variedad de platos y una cantidad desproporcionada de comida per comensal, lo que se traduce en un deseo irrefrenable por comer de todo y todo lo que podamos. Entre vinitos y cavas, cordero y langostinos, se forma una masa indigesta en nuestro estómago que nos provoca ardores, sudoración, malestar, dolor y, sobre todo, somnolencia. Bien sabemos que este punto es un factor especialmente peligroso cuando estamos al volante, incluso si no hemos bebido ni gota de alcohol. Nuestra atención se puede reducir mucho, al igual que nuestros reflejos, e incluso acabar por cerrar unos segundos los ojos de forma involuntaria y, en el mejor de los casos, llevarnos un susto.

Para evitar riesgos, lo ideal sería no repetir el postre hasta reventar, pero no siempre es posible decir “no”. Así pues, recomendamos descansar un rato una vez se haya terminado el último plato, dar un paseo que ayude a bajar un poco la comida y tomar una infusión de menta que ayude a hacer la digestión, antes de coger el coche. Ya que hemos disfrutado de una gran cena de Navidad, no tenemos por qué arriesgarnos a acabar mal la noche, ¿verdad? En cualquier caso, lo principal es prestar mucha atención a cómo nos sentimos antes de conducir y permitirnos reposar el estómago un poco, aunque sea dentro del coche.

¿Alguna vez has sentido los efectos de una comida copiosa de Navidad a la hora de conducir? ¿Te has llevado algún susto innecesario? Esperamos que estas fiestas tengas más cuidado que nunca al volante. Recuerda: si te empachas, no conduzcas. ¡Feliz Navidad!

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